domingo, 20 de mayo de 2018

Estravagario

  

En 1958 Pablo Neruda publicó su poemario "Estravagario". El famoso poeta chileno había nacido en 1904 y 100 años después TVE estrenaba un nuevo programa literario en la 2 para sustituir al veterano "Negro sobre Blanco" de Fernando Sánchez Dragó que llevaba siete años en antena. Para conmemorar el centenario del nacimiento del autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" se decide usar ese término de su invención para bautizar al nuevo espacio.


La idea fue de su director y presentador, Javier Rioyo, guionista, escritor y colaborador radiofónico y periodístico en medios como "El País" o la SER (que no es decir lo mismo aunque ambos pertenezcan al mismo grupo). Sus crónicas literarias en el "Hoy por hoy" de Gabilondo fueron excelente entrenamiento para este nuevo programa que pretendía revitalizar el formato (quizás un poco básico y anquilosado) de Dragó. 



En realidad, los cambios fueron más bien estéticos y de ritmo, la fórmula estaba inventada desde hacía años, muchos años, y poco había cambiado desde los tiempos de "Encuentros con las letras", lo importante era la pasión y la profundidad o superficialidad con la que se tratara el tema. "Estravagario" mantenía el esquema básico: entrevista con un autor con libro nuevo en cartera en un decorado, eso sí, mucho más luminoso y moderno que el que venía mostrando en sus últimas temporadas "Negro sobre blanco" pero tampoco en esto se innovaba mucho: los libros eran el atrezzo protagonista, volúmenes de mentira combinados a la perfección por su cromatismo. 


La segunda parte tenía una tertulia como base con tres o cuatro invitados relacionados directa o indirectamente con el mundo editorial o la literatura. Desde esa "mesa redonda" (como concepto, porque ya veis que la mesa era rectangular) se daba paso a varias secciones como "La biblioteca de...", "El tiempo recobrado" (un reportaje sobre un autor generalmente ya fallecido) o "Las listas" que eran elaboradas con las votaciones de los espectadores. La música también tenía cabida en este programa y aunque la sintonía era una composición de Frederic Mompou en una versión al piano de Rosa Torres, también se creó un tema específico con el mismo título escrito por Luis García Montero, Benjamín Prado, Felipe Benítez Reyes y Joaquín Sabina que musicó esa letra y la interpretó. La canción se estrenó en el primer programa y el cantautor ya aprovechó para quedarse al debate. 


Hubo muchas promesas desde el principio, cuando se anunció su emisión se hablaba de darle todos los medios de un programa de prime-time y se aseguraba que comenzaría a las 22 h. Eso no se cumplió ni siquiera en la primera semana, aquel 4 de octubre de 2004 comenzó a las 23.30 h. Durante los tres años que estuvo en la 2 su horario fue retrasándose hasta llegar en alguna ocasión a las dos de la madrugada. En agosto de 2007 parte del equipo estaba trabajando para renovarse en la siguiente temporada que comenzaría en septiembre, con un programa más pegado al público y a las novedades, más moderno. Se le había adjudicado un huevo horario, los domingos de 19 a 20 h y eso obligaba a ciertos cambios, entre ellos, "abrirlo a públicos más amplios" en busca de una mayor audiencia. El día 4 de ese mes se hizo pública la cancelación del programa y fue el propio Rioyo quien explicó que había sido por teléfono y mostró su enfado y decepción públicamente. Por entonces la directiva de la cadena ya le había buscado sucesor, "Página 2" que sigue en la parrilla. 

domingo, 13 de mayo de 2018

Antonio Mercero, el creador de emociones


Hablar de Mercero es hablar de televisión con emociones, de retratos de una infancia idílica que quizás nunca existió, de un pueblo en el que todos quieren ayudarse, del miedo a una sociedad que se aísla y pierde la perspectiva, de la preocupación por el devenir de la humanidad y su pérdida de valores. Antonio Mercero falleció ayer aunque ya hacía años que había dejado de estar en este mundo por culpa del Alzheimer. La huella que deja en televisión es indeleble, para empezar sigue ostentando un honor exclusivo hasta ahora: es el único director español que ha conseguido un Emmy Internacional por su mediometraje "La cabina". Pero no sólo eso, las estanterias de Prado del Rey tienen unos cuantos galardones europeos como la Ninfa de Oro gracias a este vasco que hace sólo una semana cumplía los 82 años. Junto a Chicho y Lazarov fue uno de los más activos realizadores en la famosa Operación Premio que pretendía ganar prestigio para TVE en una época en la que el franquismo pesaba demasiado en la imagen que Europa tenía de nuestro país. 


Hijo único de una viuda, se licenció en Derecho pero nunca ejerció. Una vez finalizada la carrera que su madre quería, decidió cumplir su sueño de dedicarse a lo que realmente le apasionaba y se apuntó a los cursos de cine que se ofrecían en la única escuela que existía por entonces que recibía el pomposo nombre de Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas. A pesar de que consigue varios reconocimientos con sus cortometrajes y con su proyecto fin de carrera, no tuvo la suerte que esperaba con la industria, lo que le llevó a descubrir el que sería el medio en el que se encontraría más libre. Así lo contaba en 1976: "Empecé a hacer televisión por razones profesiones y subsistenciales. Yo, en 1963 hice una película que se llamaba "Se necesita chico", un filme de humor, que pasó sin pena ni gloria. La crítica me la puso bien pero a nivel popular no funcionó, no tenía actores conocidos, estuvo hecha de una forma muy franciscana. Yo seguí mi lucha intentando hacer cine, escribiendo guiones, moviéndome entra las productoras... pero no salía esa película que yo tenía en mente. Entonces en el 66 o en el 67, cuando empezó a funcionar la Segunda Cadena, me llamaron para hacer documentales, a la vista de que no había manera de hacer nada en el cine y había que vivir, me puse a hacer televisión. Vamos, en realidad lo que hacíamos era cine. Hacía documentales de la serie "Víspera de nuestro tiempo", "Los históricos del balompié", "Fiesta", "Luz Verde"... ".



Tuvo que esperar unos años para que le dieran la oportunidad de dirigir ficción: "En el 69, con "Simposio para la paz", que fue un programa de 16 mm. en blanco y negro con una idea de Pérez Calderón en la que yo colaboré porque escribimos juntos el guión. Fue a Montecarlo y le dieron una especie de premio, una mención de la UNDA, creo. Después yo seguí con mi lucha por hacer cine, en el fondo, creo, todos tenemos una gran vocación, una tremenda pasión por el cine, pero no salían las cosas. Estuve a punto de hacer una película con Tip y Coll, "La garbanza negra, que en paz descanse". Colaboré en el guión incluso, pero, por una serie de razones, por esas extrañas faenas que hace la gente en el cine, terminé por no hacerla. Me quedé en blanco y, justo en ese momento, me cogieron para hacer el piloto de "Crónicas de un pueblo" (...) Yo era consciente de que era un programa oficial, legalista, planteado desde las altas esferas... pero yo lo cogí como una especie de práctica profesional (...) Intenté durante toda la serie desoficializarla todo lo que pude, a base de meter ternura y humor... Esa fue mi labor".


Con "Crónicas de un pueblo" consigue el éxito popular con mayúsculas, lo que era un regalo envenenado, un marrón para cualquier autor, se convierte en su gran plataforma. Y no sólo como director sino también como actor aficionado puesto que se reservó el papel de cura. Gracias al éxito y a su buen hacer introduciendo el Fuero de los Españoles con una cucharada de azúcar, los jefazos le permiten tantear otros géneros y así surge "La cabina" que en realidad nació como un gag sin desarrollar y después formaría parte de una idea que pergeñaba junto a José Luis Garci para una serie de ciencia ficción y misterio con el título provisional de "13 pasos por lo insólito". De esa antología nunca producida rescatarían también el guión de "La Gioconda está triste", otro de esos telefilmes que dejaban al espectador pensativo. Con estos programas especiales, el director podía ensayar  nuevas fórmulas y permitirse lujos como rodar un musical como "Don Juan", uno de sus trabajos favoritos, o un drama generacional como "La noche del licenciado", que en cierto modo era su propia historia. "Televisión tiene unos límites, marcados por el hecho de que es un aparatito que está en todos los hogares españoles, sabes que hay ciertos temas que no se pueden tocar. Pero partiendo de eso, hay mucho campo para hacer y experimentar. Televisión, una vez aprobado el guión, te da una absoluta libertad para todo lo demás: buscar actores, contar las cosas como tú quieras... Eso no lo tienes en el cine. Yo, por ejemplo, "La cabina" jamás podría haberla hecho en medio" decía en una entrevista en "TeleRadio". 



Mercero fue un Guadiana televisivo, siempre que tenía la oportunidad dirigía una película y con algunas tuvo un enorme éxito, pero al final siempre volvía a la tele. Su independencia era proverbial, fue un director popular en ambos medios pero siempre iba por libre, incluso cuando a mediados de los setenta se especuló con una reforma en TVE para hacer fijos a los colaboradores veteranos: "Por estas cosas de los contratos laborales se ha planteado la posibilidad de que, teniendo en cuenta los años que llevamos trabajando, podamos ser hombres de plantilla, de horario y sueldo fijo y hacer los programas que sean. A mí me da la sensación, y que conste que respeto la opinión contraria, de que es convertirnos un poco en oficinistas y lo apasionante de nuestro trabajo es esa sensación de libertad. No sé, no lo veo claro y me preocupa. Por eso he preferido mantener la libertad y seguir haciendo los programas que pueda. De todas formas, los que mantenemos esta postura somos minoría porque los otros son casi un 90 o 95%. Lo que sí creo es que los que lo piden tienen todos los derechos laborales a su favor. Pero a mí no me interesa" explicaba en 1976. 


Gracias a esa independencia podía presentar proyectos en televisión que le interesaban por una u otra razón . De sus series y especiales entresacamos sin demasiada dificultad sus intereses vitales: preocupación por la infancia, por la ecología, por una sociedad ajena a los problemas de sus vecinos... En "Los pajaritos" conocemos a dos viejecillos que intentan salvar a dos aves en una ciudad dominada por la polución. En "La Gioconda..." la humanidad ha perdido la capacidad de sonreír, en "La noche del licenciado" el protagonista quiere abandonar un futuro prometedor para dedicarse a hacer feliz a la gente, en "La cabina" un individuo se queda atrapado y nadie puede (o quiere) ayudarle lo cual le hace sentirse aún más abandonado, algo similar sucede en "La habitación blanca" (su último trabajo en TVE), en "El pueblo sumergido" se hace un canto a la ecología, que también se repetirá (incluso con María Garralón como amiga de los niños) en varios capítulos de "Verano azul", en muchos episodios de "Farmacia de Guardia" aparecen personajes desvalidos, solos en la vida, pero que son protegidos por sus vecinos, como la desmemoriada doña Paquita... y así podríamos seguir buscando hilos invisibles pero evidentes en toda su obra. 


Quizás su serie más realista y combativa sea "Turno de oficio", emitida originalmente en la 2 y postergada por lo tanto a una audiencia minoritaria, se aupó en los primeros puestos de audiencia con temas como la violencia de género o la drogadicción. Si en "Verano Azul" había tratado por primera vez en una serie familiar de nuestra tele asuntos de alcance pero con cierto disimulo, en esta se empleó a fondo. Además, hizo de Irene Gutiérrez Caba un trasunto de su madre y de Juan Echanove un sosias de lo que, quizás, él habría sido como abogado, doble homenaje. En 1979 contaba que cuando anunció que nunca se dedicaría a las leyes: "Hubo una cierta decepción de mi madre, ilusiones que se vienen abajo. Pero ella supo comprender y aceptar. El balance hoy es positivo, absolutamente. Y eso sin hacer abstracción de los malos tiempos, de las rachas en las que tuve que ir de productora en productora, con mis guiones bajo el brazo, sin encontrar un hueco, machacado. Y eso que no entraba dinero y los hijos iban llegando sino porque llegas a cuestionar tu propia valía. Es muy fácil pensar, en esas circunstancias: "Soy un imbécil, un incapaz. ¿Qué es lo que estoy intentando? Esto no es lo mío. Me equivocado". Bueno, pues a pesar de todo eso el balance es rotundamente positivo". No es para menos. Mercero tocó la fibra del público como pocos han sabido hacerlo. Además, se rodeó de un equipo que le entendía y con el que se complementaba a la perfección. Uno de sus colaboradores más recurrente, el guionista Horacio Valcárcel, falleció la semana pasada. Ambos escribieron algunas de las páginas más brillantes de la tele patria y Antonio, el gran Antonio, supo insuflarles vida con la cámara. 

sábado, 12 de mayo de 2018

II Festival de la Canción Española, la selección Eurovisiva de 1970


Mucho antes de que "Operación Triunfo" fuera el programa del que saldría el representante de nuestro país en Eurovisión, incluso antes del famoso "Pasaporte a Dublín", aquel programa repleto de estrellonas de la época del que se escogió a Karina en 1971, ya había otros espacios que seleccionaban a los cantantes o grupos para este certamen musical europeo. En 1970, tras dos años ganando el encuentro (aunque el año anterior fuera por cuádruple empate), TVE organizaba el II Festival de la Canción Española para designar candidato. 


Entre el 12 y el 13 de febrero, en dos galas consecutivas, se presentaron veinte temas de los que diez participarían en la gran final del sábado 14. Tras esa última presentación de las canciones a concurso, una breve pausa para el informativo "24 horas" que finalizaría con una conexión desde la entrada a la sala en la que el periodista Joan Lluch (aunque en aquella época era renombrado como Juan) entrevistaba a tres ganadoras de Eurovisión, una imagen inusual y con cierto morbo. Allí estaban Gigliola Cinquetti, Massiel y Salomé, faltaba una cuarta invitada de la noche, Sandie Shaw que no sé si se había perdido entre bambalinas o quizás ni siquiera se pensó en charlar con ella porque no hablaba español. 


"El suntuoso marco" (tal como rezaban las crónicas de la época) para esta selección era el Palacio Nacional de Montjuic en Barcelona. El programa estaba dirigido, cómo no, por un experto en estas lides, Artur Kaps. Él había comandado tanto en el escenario como desde el control de realización programas como "Amigos del lunes" de enorme éxito en los 60 y también varias preselecciones eurovisivas. Además, sus excelentes contactos con estrellas internacionales propiciaron este encuentro de vencedoras del Festival que fue una auténtica exclusiva en toda Europa. 


Y si Kaps era la elección lógica para dirigir, Laura Valenzuela y Joaquín Prat lo eran para presentar. Ella había brillado en 1969 conduciendo el Festival de Eurovisión desde el Teatro Real y ambos eran la pareja de moda gracias al popularísimo "Galas del Sábado". Además, teniendo en cuenta que esta final se emitía precisamente ese día de la semana, se mantenía una cierta estabilidad con la parrilla habitual hasta el punto de que su despedida fue "hasta la próxima semana". 


Entre los participantes de las jornadas del jueves y el viernes encontramos una lista más que interesante con cantantes de fama como Nino Bravo, Cristina (sin los Stop), Voces Amigas o Rosalía y otros totalmente desconocidos aunque más tarde triunfarían en otro ámbito, me refiero al humorista Eugenio y su esposa por entonces, que cantaron como dúo (ya hemos hablado aquí del asunto). El fin de fiesta del viernes estuvo amenizado por la orquesta de RTVE dirigida por el prestigioso Frank Pourcel y también por la actuación de la siempre enérgica Rita Pavone. Pero los fuegos artificiales se reservaron para la última jornada. Las cuatro mujeres triunfadoras de años anteriores interpretaron las canciones ganadoras pero también otras de su repertorio más reciente, toda una promoción ante millones de espectadores.


Un espectáculo exclusivo que servía de intermedio para que los quince jurados provinciales de las emisoras de RNE contabilizaran sus votos. Y no era cosa fácil, sin entrar a juzgar el nivel de los temas presentados, cada uno de ellos había sido defendido por dos cantantes para que así (teóricamente) se pudiera decidir si la canción era buena independientemente de su intérprete. Esto podía llevar a una situación incómoda: que fuera seleccionada una composición pero no su autor si este era además el cantante. 


Y justamente eso es lo que podía suceder con la canción favorita desde el principio, "Gwendolyne" compuesta por Julio Iglesias que fue entonada por el propio Iglesias y por la francesa de origen armenio Rosy Armen. Los votos lo dejaron claro, fue la vencedora por amplísima mayoría y dos de las canciones ni siquiera obtuvieron puntos. Entre los cantantes de aquella final estaban dos que años después sí participarían en Eurovisión, Jaime Morey y el grupo Mocedades. 


Julio Iglesias acudiría a la cita en Amsterdam el 21 de marzo de aquel año y quedó en un meritorio cuarto puesto empatado con Francia y Suiza. La ganadora fue Irlanda con una jovencísima Dana y su "All Kinds of Everything". Para el cantante español, según él mismo ha comentado en varias ocasiones, fue una extraordinaria oportunidad y el inicio de una carrera internacional de la que no hace falta contar mucho más.


sábado, 5 de mayo de 2018

José María Íñigo, el bigote que modernizó la tele


El anuncio de que este año José María Íñigo no retransmitiría Eurovisión causó sorpresa pero aún más llamativo fue que el propio comunicador aclarara que fue él mismo quien decidió renunciar a la tarea. A eso se sumaba un evidente cambio físico en sus recorridos gastronómicos en "Aquí la tierra" y sus intermitentes ausencias del programa del fin de semana de RNE "No es un día cualquiera". Precisamente ha sido la directora Pepa Fernández quien ha informado esta mañana del fallecimiento de su "maestro, amigo y cómplice". 


La primera vez que lo vimos en un programa de televisión fue en un invento de Pedro Olea e Iván Zulueta emitido en la UHF en 1968 con el poderoso título de "Último grito". Aquello era lo más revolucionario que se podía ver en una pacata televisión, los grupos más modernos eran presentados a la audiencia juvenil que lo seguía casi a escondidas de una manera totalmente rompedora. Aquella primera experiencia ante las cámaras, tras una larga etapa en la radio que incluso le llevó a "la BBC de Londres", fue premonitoria: sus siguientes programas fueron agitadores de fórmulas anquilosadas.


Podemos obviar su siguiente programa, "Ritmo 70", porque fue simplemente un paso previo sin apenas repercusión pero que le permitió practicar en un plató porque su anterior proyecto se grababa en formato cine y en localizaciones. "Estudio Abierto" fue su verdadero bautismo para el público general... y eso que se emitía en la por entonces (eso no ha cambiado mucho) marginal Segunda Cadena. Nunca la UHF había tenido tanta audiencia y posiblemente nunca más la tuvo. Se calcula que en aquellos primeros setenta alcanzó la increíble cifra de los 15 millones de espectadores y eso que ni siquiera se podía ver en todo el territorio nacional. Él fue quien trajo a España un formato clásico de la tele mundial, el talk show. Entrevistas y música, nada más... y nada menos. Lo importante era cómo hacerlo y el bilbaíno supo encontrar el punto perfecto de cocción. Aunque las nuevas generaciones puedan encontrarlo muy sobrio al revisar las viejas grabaciones en la web ArchivoRTVE hay que ponerlo en contexto. Era la primera vez que en un estudio de TVE se unían en un mismo espacio famosos con anónimos y estos eran mucho más naturales que los primeros. Eso, señores, se hacía en directo y en esos días te ponían una multa o te suspendían de empleo y sueldo a la mínima.


A Íñigo eso le afectaba lo justo, forzó la máquina hasta la máxima potencia, engañó continuamente al censor y se hacía el ingenuo cuando algo se salía de madre. A pesar de los "disgustos" que ocasionaba a los jefes con tanta libertad autoconcedida (pero conociendo muy bien los límites que no podía cruzar), enseguida se hizo evidente que había nacido una estrella. Hubo un "ascenso" a primera división con "Hoy 14.15", un magazine matinal previo al TD1, también en directo pero ya en la 1. Funcionó y le dieron el prime-time de los sábados en 1975, "Directísimo". Sólamente una temporada en antena sirvió para pasar al ideario colectivo. El día que Uri Geller dobló cucharas y arregló a distancia miles de relojes en todo el país supuso un hito para la historia de TVE. Por cierto, ese programa no se conserva, las imágenes que hemos visto mil y una veces son de un informativo. 


En sus programas siempre había famosos, de hecho, consiguió llevar al Estudio 1 de Prado del Rey a los más populares y prestigiosos actores, escritores, cantantes y hasta astronautas del mundo entero. Por primera vez el español medio podía ver en directo a personajes de renombre internacional y algunos hasta chapurreaban en español para deleite de todos. La lista es interminable así que mejor no citar a nadie pero es muy posible que si piensas en alguien importante de los últimos 50 años haya sido entrevistado por José María. 


Su siguiente proyecto fue también una innovación total. Sacó las cámaras de la comodidad del plató a la sala de fiestas Florida Park del Retiro madrileño para montar un espectáculo de variedades en el que no se sabía si eran mejor mirar al escenario o a las mesas del público. Cada martes se congregaba allí la "beautiful people" para disfrutar de la música, la magia y el humor más populares en 1976/77 o para arropar a su hijo en su debut televisivo, caso de Lucía Bosé y su ex marido Dominguín reunidos para morbo de la audiencia para ver a su hijo Miguel cantando. Allí pasó de todo, desde que Lola Flores perdiera un pendiente a que un torero se liara a bofetadas con los que había por allí indignado por una actuación de Raffaella Carrà que él consideraba una burla al flamenco. Por cierto, no era la primera vez que en uno de sus programas, un matador la montara gorda. El año anterior, en "Directísimo", Sebastián Palomo Linares y Paco Camino terminaron en comisaría tras un enfrentamiento ante las cámaras.


En esa época comenzó su colaboración con Hispano América. Su programa se emitía en varios países de EE.UU., Centro América y Sudamérica y además viajaba cada semana a Puerto Rico para presentar allí "Estudio 2" en el Canal 2 de Telemundo. En 1978 dio un paso más en su carrera al encargarse de la larga tarde del domingo con "Fantástico", un ómnibus en directo, cómo no, que duraba horas y horas y que se mantuvo cuatro años en emisión. Y después, vuelta a su formato más popular, "Estudio Abierto" en una nueva etapa ochentera que dio una vez más en la diana y que le afianzó como uno de los presentadores más populares. Pero no se acomodó, implantó algunas novedades a la vieja fórmula, la más impactante en el momento fue la incorporación de las preguntas de los espectadores a través del teléfono... sin censura. El invento nos dejó momentos impagables como la cara de Rocío Jurado al escuchar que una señora le decía que "a veces parece tontita". Mención aparte merece su afeitado de bigote, del que ya hemos hablado aquí. 


Íñigo también fue un pionero de los autonómicas, tuvo su propio programa a mediados de los ochenta en una primitiva ETB. El porqué fue apartado de la primera línea es un tema un tanto oscuro. Tuvo que ser precisamente en plena libertad democrática (o eso parecía) cuando le prohibieron, por ejemplo, un debate entre el fachoso Blas Piñar y el comunista Santiago Carrillo que ambos habían aceptado mantener ante las cámaras. Ser de Bilbao marca carácter y eso ayudó a que supiera reconvertirse. Aunque tuvimos que esperar a 1993 para verlo de nuevo a nivel nacional con las mañanas de Telecinco y después en Antena 3, dedicó esos años a escribir libros, editar revistas sobre viajes y gastronomía y presentar mil y un proyectos a varias cadenas. 


La radio volvió a su vida y se convirtió en la mano derecha ante el micrófono de Pepa Fernández durante lustros. Su aparición como invitado en la nueva década en "El Show de Flo" demostró que aún estaba en forma y en 2003 copresentó con Jesús Vázquez "Vivo cantando" en Telecinco. Al año siguiente regresó a la pública con "Carta de ajuste", una revisitación a sus clásicos programas de entrevistas pero con un puntito más canalla y un toque nostálgico muy autocrítico. 


En 2006 apareció con la cabeza totalmente descubierta en "Supervivientes: Perdidos en el Caribe" encargándose de la parte de la Isla, parece ser que a petición de Jesús Vázquez que presentaba desde plató. De nuevo sorprendía a sus seguidores, no había registro que no fuera capaz de asumir. También regresó a las autonómicas en 2012, en concreto a la Castilla -La Mancha y lo veíamos en "¡Qué tiempo tan feliz!" junto a la Campos por citar sólo dos de sus últimos trabajos ante las cámaras. 


Con José María Íñigo se va un rebelde, un innovador, un entrañable gruñón pero sobre todo, un profesional honesto que en una época en la que la tele era en blanco y negro consiguió sacarle los colores. Él, siempre tan realista y pragmático, decía que uno en la tele vale lo que su último programa. No, maestro, usted vale mucho más.


miércoles, 25 de abril de 2018

20 años de "Tardes con Ana" en TVG


Si en Galicia nombras a Ana Kiro es como mentar a una abuela queridísima a la que echas de menos. Quizás sea la cantante que más veces recorrió la comunidad con un repertorio que satisfacía a un público amante de las verbenas tocando con mucho acierto la vena folklórica más sentimental y combinándola con otros temas festivos y picantones que hoy causan entre risa y rubor. ¿Por qué resumir (muy brevemente, sí) la carrera musical de esta mujer de sempiterna sonrisa en un blog televisivo? Pues porque además de triunfar con la música en su tierra, Ana Kiro fue a finales de los noventa una de las más populares presentadoras de la TVG y además se cumplen 20 años de uno de sus espacios más recordados. 



La relación con la tele de esta artista viene de lejos, de 1968 cuando formaba parte del grupo de vocalistas de "Galas del Sábado" en TVE que versionaba en castellano aquellos temas que estaban triunfando en el extranjero y de los que, por unas u otra razón, no se podía llevar al plató a su intérprete original. Aquello la convirtió en una cara popular aunque de forma efímera, en la segunda temporada el cuarteto desapareció y a Ana prácticamente no se la volvió a ver en la tele... hasta que se estrenó la cadena autonómica gallega. En aquel momento Ana ya se había pateado Galicia de arriba a abajo con sus bolos, era una época en la que tenía un centenar de conciertos anuales así que no es de extrañar que desde el principio de las emisiones fuera una invitada habitual. Por supuesto, ella estuvo en el primer "Luar" de la historia, programa que, por cierto, continúa en antena 26 años después. En 1997 tuvo su primera oportunidad como presentadora de su propio show. El título era "Toda unha vida", se emitía en prime-time y era el típico formato de cantante famosa conduciendo un programa con música, breves charlas con los invitados y algo de humor. Vamos, lo que se llevaba viendo en otros países desde los 60. Ana Kiro fue, salvando las distancias, la Núria Feliu gallega. Lo que la catalana ya había hecho en 1983 en el circuito catalán de TVE con "Al caliu de la Feliu" lo hizo la Kiro catorce años más tarde.


El programa tuvo un gran éxito y eso propició que se pensara en ella para un talk-show vespertino al estilo de los que se estaban ofreciendo tanto en cadenas nacionales como autonómicas en aquella década. El 16 de marzo de 1998, hace ahora veinte años, se estrenó a las 15.30 h "Tardes con Ana", una producción de la poderosa Gestmusic para TVG (algo poco habitual, normalmente eran y son productoras gallegas las que se encargan de cubrir la programación). El formato no tenía grandes novedades con respecto a la competencia: testimonios sobre un tema, tertulia ("faladoiro" en gallego), participación del público en el plató y más tarde desde casa a través del teléfono, algún invitado popular y un pequeño concurso. Lo que diferenciaba este espacio de otros similares es que Ana no olvidaba aquello que la había hecho famosa: la música. Una orquesta en el estudio acompañaba a la cantante que no tenía ningún problema en interpretar uno o dos de los temas de su discografía por programa. 


La primera temporada alcanzó cuotas del 18% de share, levantando las tardes de la Galega a niveles desconocidos hasta entonces. Cuatroaños estuvo en antena y fue introduciendo cambios poco a poco. Si al principio Ana se enfrentaba a las más de horas de duración prácticamente en solitario, a partir de la segunda temporada se la rodeó de colaboradores que la apoyaban, sobre todo en las secciones de actualidad, y el concurso pasó a manos de Carlos Roma, joven comunicador que provenía de la Radio Galega. Este fichaje, según se cuenta, fue idea de la propio Kiro a la que "el chico" le hacía mucha gracia. Por cierto, si preguntan a un gallego como se registraban los aciertos del concurso es muy probable que responda con una sonrisa: "¡con Kiropuntos!".


Aunque el espacio fue perdiendo fuerza con los años, la audiencia seguía siendo más que interesante para una cadena regional así que el anuncio del final fue toda una sorpresa. La propia estrella aclaró que necesitaba un descanso. Y lo tuvo durante un año. Los intentos de sustituirla en la franja no funcionaron y la cadena recurrió de nuevo a ella en 2002 con "Que boa tarde!", un programa que ya estaba en marcha sin éxito. Kiro consiguió que los índices subieran pero aquel no era un formato pensado para ella y se notaba que no estaba cómoda. Unos meses después y por desacuerdos con la dirección renunció y Yolanda Vázquez la sustituyó. 
   Ana Kiro abandonó la presentación de programas y probó con la interpretación en 2004 protagonizando su propia serie, "A miña sogra máis eu", en la Galega también, claro. No tuvo éxito y poco a poco se retiró de la vida pública hasta que anunció que tenía cáncer. Falleció en 2010 pero todavía hoy la que fue su televisión sigue dedicándole homenajes y hace unos meses se inauguraba una estatua en su honor en su localidad natal, Arzúa. 

sábado, 21 de abril de 2018

Pedro Erquicia, el obstinado innovador


Cualquier periodista quisiera tener en su currículum dos títulos: "Informe Semanal" y "Documentos TV". Si a ello añadimos una corresponsalía en Nueva York, el matinal "Buenos días" o la dirección de Telemadrid, la trayectoria parece impecable y así era la de Pedro Erquicia, fallecido ayer a los 75 años. Aunque para los más jóvenes su nombre sonará a parodia de Corbacho en "Homo Zapping" y muchos medios hayan resumido su trayectoria con un "y fue el responsable de que los Reyes se conocieran", este periodista vasco se merece un obituario más justo y un homenaje inmediato por parte de la que fue su Casa durante cuatro décadas, TVE. Como me temo que no vamos a ver una cosa ni otra, intentaremos hacer algo de justicia aquí. 


A Erquicia casi podríamos considerarlo un niño prodigio del periodismo porque con tan sólo 22 años y antes de graduarse en la Escuela Oficial de Periodismo ya estaba colaborando con TVE. A finales de los sesenta, tras su ingreso oficial, ya formaba parte del equipo de programas como "Panorama de Actualidad" que serían claros antecedentes de la que más tarde se convertiría en su especialidad, los espacios de reportajes. En los 70 ya tenía el cargo de redactor jefe del Telediario y fue en esa época cuando el Director de los Servicios Informativos le encargó una versión patria de los programas que estaban triunfando en EE.UU a imitación del "60 minutes" de la CBS. Así nació en 1973 "Semanal Informativo", renombrado poco después como "Informe Semanal", decano de los reportajes de análisis de la semana en toda Europa y título más longevo de la parrila de nuestra tele. Entre 1976 y 1978, tras un ligero recorte de sus largas melenas, se atrevió a ponerse por fin delante de la cámara para presentarlo al alimón con Rosa María Mateo. 


Pero había llegado el momento de emprender una nueva aventura y con el regreso de Jesús Hermida a España, Erquicia acepta su cargo de corresponsal en Estados Unidos y Canadá y se muda a Nueva York de forma precipitada: "He tenido que aprender el oficio de corresponsal. Durante cinco años y medio, que es bastante tiempo, había estado haciendo un tipo de labor en la profesión: dirigir un programa. De repente, de la noche a la mañana, te encuentras de corresponsal... Los dos primeros meses fueron muy duros. Dejando a un lado los problemas profesionales, el oficio, los contactos, la mecánica del trabajo, están los personales. Tienes que buscar una casa..." decía en la revista TeleRadio. El periodista estaba luchando entonces para convencer a TVE de la necesidad de evolucionar técnicamente. Se quejaba de que eran los únicos que todavía seguían usando soporte cinematográfico para los reportajes y que para las conexiones urgentes se usara la línea telefónica: "Las películas están bien para el contexto español pero cuando te vas a un país que lo tiene superado, te encuentras con un handicap. Televisión tendrá que reciclar absolutamente todos sus sistemas técnicos". Y lo consiguió, él fue quien introdujo el vídeo en las corresponsalías.  


Esa fue una de las características principales del trabajo de este obstinado vasco, la innovación. Desde sus inicios en la tele, Erquicia quiso ir siempre un paso más allá, forzando la máquina pero siempre con la complicidad de sus equipos. Precisamente cuando fue a Nueva York se llevó a tres compañeros de "Informe Semanal" (entre ellos a la reportera Ana Cristina Navarro) y más tarde se demostraría la lealtad de su gente en etapas complicadas. 
   En su larga etapa en EE.UU. se produjo una breve pero importante pausa, en 1981 regresó a Prado del Rey para ser subdirector de Informativos en la época de Gabilondo como director, y poco después ya como máximo responsable. ¿Les suena el año? 1981... 23F. Sí, él fue quien tuvo que ir a escondidas a grabar el famoso mensaje del Rey. 
   En 1985 regresa definitivamente a España. Su primer programa es el olvidado injustamente "Europa, Europa". En 1987 se pone al frente de "Buenos días", sucediendo a José Antonio Martínez Soler. Erquicia ayudó a "americanizar" un poco el formato, es decir, a hacerlo más entretenido y menos formal. Como él decía entonces, quería introducir los cambios paulatinamente y hacer que prevalecieran "las noticias calientes y blandas", para diferenciarse de los Telediarios. 


Tras una temporada en el matinal se le asigna la creación de un nuevo formato para los fines de semana y el resultado fue "48 horas", una mezcla entre magazine e informativo que sustituía a los tradicionales Telediarios y que duraba varias horas pero que iba troceando su emisión durante el día. Desde el principio la cosa no funciona. Los errores en pantalla son continuos y las desavenencias con el realizador sonoras hasta el punto de que cierto día se niega a presentar la edición nocturna del noticiario tras exigir, sin éxito, la sustitución inmediata del responsable técnico. En enero del 88 es destituido por su, hasta ese momento, amiga Pilar Miró y el director de informativos Julio de Benito (al que había había nombrado su subdirector hacía años). El día de su cese, un 9 de enero, presentó el programa porque se consideraba un caballero. La mayor parte de su equipo dimitió en solidaridad.

 

 Aquello fue un duro golpe para el periodista que como consecuencia directa supuso la aceptación de un reto: ser el primer director de Telemadrid. En aquel cargo se mantuvo un par de años en los que la cadena autonómica destacó por la valentía y calidad de sus Telenoticias. El regreso a TVE, no obstante, supuso otro hito en su carrera: la dirección y presentación de "Documentos TV" que llevaba un par de años en antena sin una personalidad clara. Hasta su jubilación en 2008, Erquicia hizo de esta cabecera un título ineludible para "espectadores como usted", esos que querían informarse con profundidad. Además de conseguir los mejores documentales del mundo introdujo la producción propia y, de nuevo, consiguió lo impensable: crear otro clásico televisivo. En 1999 lo intentó en la Primera y con Lorenzó Milá. "En clave actual" llegó en un mal momento y no se permitió su asentamiento. Eran los años en los que dirigía el Área de Programas de Actualidad e Investigación, etapa extraordinaria para el periodismo televisivo. 
   A Erquicia quisieron prejubilarlo a los 50 y se negó. Aguantó, con muchas presiones y ninguneamientos constantes hasta los 65. El día que se despidió de su audiencia, a muchos nos emocionó. Con él se va una forma distinta a la actual de entender la información desde la búsqueda de la verdad como baluarte principal pero con el ojo puesto en la comprensión de todos los públicos, sin prejuicios. 


domingo, 15 de abril de 2018

"365 días antes", el primer programa de Barcelona 92


En 1987, cinco años antes de que se celebraran los Juegos Olímpicos en Barcelona, TVE coprodujo un extraño programa que tendría el honor de ser "la primera manifestación televisiva de carácter olímpico de la Barcelona 92" tal y como se definió en el Anuario oficial de la Casa. Extraño porque se realizaba en colaboración con la TV de Corea del Sur, que un año más tarde ofrecería la señal oficial de los JJ.OO. de Seúl, y porque se emitía en directo a través de Mundovisión para el país colaborador y Lausana (Suíza), Los Angeles (EE.UU.), Manila (Filipinas) y Atenas (Grecia). En nuestro país, sin embargo, sólo se pudo ver a través de TVE Catalunya que además ofrecería un resumen el 18 de septiembre. Constantino Romero y Jair Pont (que había sido azafata de "Si lo sé no vengo" y la temporada anterior había presentado "Directo en la noche) serían los anfitriones de un macroprograma realizado desde el Parque Güell  y que duraría tres horas de las que la tele pública se encargaría de producir hora y media. La gran estrella de la cita sería la soprano Montserrat Caballé que actuaba acompañada por la orquesta Solistes de Barcelona. También colaboraron Els Comediants, Esbart Dansaire de Rubí, la Guardia Urbana Montada de la Ciudad Condal, unos aficionados al Taekwondo (imagínense la cara de los coreanos al ver esto) y 200 niños formando los aros olímpicos. Constantino seguiría ligado al gran evento olímpico español, no olvidemos que sería su poderosa voz la que presidiría la inauguración y la clausura.